abril 01, 2012

LA LETRA PROFUNDA:IDIOSINCRACIA ARGENTINA



Idiosincracia argentina


[...] De lo antedicho poemos extraer algunos rasgos de la idiosincracia argentina, según lo refleja nuestra literatura:
[...]
d) Viveza criolla, que tiene una muy estrecha vinculación con el rasgo anteriormente denotado (cierto extraño pudor que le impide mostrar su intimidad, mostrarse tal cual es). Esta viveza se exterioriza -entre otras formas- en la costumbre de "tomar el pelo", de "sobrar" al prójimo, en la "cachada". Uno de los factores que le han dado origen es un marcado acentramiento del yo y cierta megalomanía típica; el argentino, sobre todo el porteño, se siente dueño del mundo. Esta "viveza" es casi exclusiva del porteño. En otras capitales del mundo -Madrid, París, Londres- no aparece y ha sido reemplazara por cierta suficiencia o cierto aire de superioridad en el trato al que viene de afuera o de "adentro". Pero hay otros factores que entran en su génesis; uno de ellos es la inmigración: esta viveza nació como una forma de defensa -y por qué no de venganza- del criollo frente al "gringo" que avanzaba e iba quitándole cada vez más espacio y más protagonismo. Pero no es exclusiva del nativo porque, con el tiempo, va a pasar al hijo de inmigrante quien la ejerce esgrimiéndola un poco como carta de ciudadanía; pero también por otras razones, cubrirse a sí mismo de la burla y el escarnio ajenos; evitar que le hicieran a él lo que le habían hecho a sus mayores, y vengarlos aunque fuera inconscientemente. Este rasgo le viene muy bien al hijo de inmigrante, todavía inseguro, porque le crea una consciencia de superioridad frente al burlado, lo afirma en su propio yo, que se enseñorea frente al infeliz que "cae", víctima de sus chanzas [...]

Alba Omil

Extraído del libro La letra profunda, de Alba Omil. Ediciones del Rectorado, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina, 1996.

EL TEMPLO DE LAS MUJERES,BAJO LA COFIA



15/11/2011


Bajo la cofia


Retrato de mujer con cofia-Roger van Weyden

Como correspondia a una mujer decente casada del siglo XV,Elisabeth,la esposa del pintor flamenco Rogier van de Weyden,lleva sus cabellos pulcramente ocultos bajo una cofia.El pelo femenino asocia capacidad de seducción y sexualidad,por lo que no es de extrañar que la Iglesia dictase disposiciones para que las mujeres casadas de la burguesa y de al nobleza se cubriesen el cabello para hurtar las miradas concupiscentes. Solo las doncellas con intenciones matrimoniales o las prostitutas podían llevar el pelo suelto o peinado con trenzas.De esta época procede el dicho,utilizado todavía hoy en algunos lugares,de << ponerse la cofia>> por casarse.
Pero el tocado recatado exigia sus tributo:como llegaba poco aire al cuero cabelludo,el pelo se volvía ralo y había que afeitarlo por completo de vez en cuando.Las mujeres se consolaban crendo siempre nuevas variaciones de la cofia;laboriosamente plisadas como en este retrato,mas tarde adornaban con cintas y volantes.
Hasta comienzos del siglo XX, llevar sombreros, cofias y otros tocados en publico era algo
natural .Asi que no hace mucho tiempo desde que las mujeres occidentales ocultaban sus cabellos,costumbre que hoy sigue siendo frecuente en el Islan o un exigencia en el judaísmos ortodoxo

LA ERA DE LA ESTUPIDEZ (DOCUMENTAL) ECOCOSAS



La era de la estupidez (Documental)

0 comentariosmanzanaPor manzana El 31 de marzo de 2012
col0000270 La era de la estupidez (Documental)THIS IS THE END
La era de la estupidez (Age of stupid) es un documental dirigido por Fanny Armstrong, una documentalista británica, activista contra el cambio climático. Desde el comienzo la película advierte que lo que mostrará del futuro está basado en predicciones científicas y que lo que se verá del presente son imágenes verídicas, documentales. Tras esa advertencia la película shockea con un planeta Tierra devastado en el año 2055. Australia está en llamas. Las Vegas cubierto por la arena. El ártico es un océano fuera de control y sin hielo. Londres está bajo el agua. El Taj Mahal, en India, destruido por vaya a saber qué guerra.
En la película, el británico Pete Postlethwaite (“el mejor actor del mundo”, según Steven Spielberg), es un archivista que se encargó de preservar todo aquello que ya desapareció de la faz de la Tierra en una base elevada cientos de metros sobre el océano Ártico. En esta especie de Arca de Noé del futuro conviven embalsamados los animales que jamás volverán a caminar sobre el planeta con los documentos y piezas que registran miles de años de historia humana. Allí el archivista graba un mensaje para la posteridad, revisando imágenes documentales y periodísticas del año 2007, tratando de comprender qué hacía el hombre mientras destruía el planeta y se encaminaba hacia su final.
"No fuimos la primera forma viviente en desaparecer. Pero lo que es único es que lo hicimos sabiéndolo. ¿Qué es lo que eso dice sobre nosotros? La pregunta que me he estado haciendo es ¿por qué no nos salvamos cuando pudimos hacerlo?", dice apesadumbrado mientras graba su video con la esperanza de que alguien, en algún lugar del espacio escuche su historia y no repita nuestros errores.
OID EL GRITO
Entrecruzando los géneros documental, drama y animación, La era de la estupidez es una patada al estómago que pretende sacar la modorra de nuestros líderes mundiales de cara a la cumbre de Copenhague que en diciembre próximo decidirá el destino del planeta. Allí se suscribirán los nuevos acuerdos que reemplazarán al maltratado y tan incumplido Protocolo de Kyoto.
Pero la película busca también concientizar sobre la gravedad del cambio climático entre la gente común que con su voz y voto puede exigir a los gobernantes del mundo que actúen ya sobre este tema.
“¿En qué estado mental estábamos para quedarnos de brazos cruzados?”, se pregunta el personaje de Pete Postlethwaite. Su conclusión es quizá la más brillante de la película: “Mientras algunos pocos gritaban ‘¡Fuego!’, la mayoría teníamos un pacto como si el cambio climático no estuviese ocurriendo”.
Los científicos aseguran que si se pasan determinados límites el cambio climático será irreversible. O sea que el tiempo para actuar es ahora. Si la temperatura del planeta aumenta en dos grados ya será demasiado tarde, y se espera que eso pase en el año 2015 (según las peores proyecciones científicas). Así que solo nos quedan seis años para actuar. Y hay mucho por hacer…
TODOS SOMOS PROTAGONISTAS 
En La era de la estupidez el dramático impacto del cambio climático es narrado a través de la vida de personas reales, que representan a la perfección las terribles contradicciones de la especie humana.
El estadounidense Alvin DuVernay es un empleado de Shell que se emociona tanto al encontrar petróleo (“Huele como el dinero, es tan hermoso”, dice) como al recordar su casa, destruida tras el paso del huracán Katrina. Jeh Wadia es el hijo pródigo de una familia millonaria de India que maltrata a los empleados de su flamante línea aérea mientras asegura que su propósito en la vida es “ayudar a los pobres” ofreciendo las tarifas aéreas más bajas del mercado para que ellos puedan empezar a volar en lugar de atestar los maltratados trenes indios. Layefa Malemi tiene 23 años y vive en la pobreza, en Nigeria, anhelando algún día “poder vivir como los americanos, con autos caros, casas confortables, bebiendo agua limpia y comiendo buena comida”, mientras su pueblo es contaminado por la extracción de petróleo de compañías estadounidenses.

Ante las contradicciones humanas de quienes no advierten que su entorno se degrada o lo aceptan con naturalidad aportando su cuota de destrucción al planeta, la directora de La era de la estupidez ofrece la mirada de otros personajes, los idealistas, esos que creen que no todo está perdido. Como Fernand Pareau, un guía de montaña francés de 82 años que ya vio a los glaciares retroceder más de 150 metros o Piers Guy, un británico pionero en el impulso de la energía eólica que enfrenta la ignorancia de sus vecinos quienes prefieren no instalar molinos porque “arruinan el paisaje”.
Según La Era de la estupidez usted y yo somos tan protagonistas de esta película como los “personajes” descritos más arriba. Todos nosotros lo somos por ser parte de la especie que sometió a las demás, modificó drásticamente el planeta en que vive y ahora lo lleva hacia la destrucción.
Es poco probable que al ver esta película los responsables de tomar decisiones respecto al cambio climático actúen. Seguramente sólo lo hagan una vez que los reclamos sean masivos, mundiales. Tal vez es cierto que somos un desperdicio de materia gris, generando cosas maravillosas pero siendo incapaces de preservar nuestra existencia. Tal vez siempre supimos como sacar provecho del planeta en que vivimos pero nunca supimos o quisimos saber cómo protegerlo. Tal vez es cierto y el cambio debe empezar por cosas pequeñas, cotidianas. Tal vez es cierto y como decía John Lennon, "the dream is over"

marzo 21, 2012

PSICOLOGIA Y EL SER-EL CONOCIMIENTO CIENTIFICO-EL ORIGEN

El Conocimiento científico desde un punto de vista filosófico plantea un cuestionamiento previo. ¿Se puede conocer? ¿Es posible la objetividad?

Cuando los filósofos antiguos interpretaban al hombre como parte de la realidad, con una postura realista sobre las cosas, como Parménides, Platón, Aristóteles, (siglos III al VI a. de C.) el conocimiento se basaba en conceptos formados a partir de las cosas y éstos conceptos reflejaban la realidad.

A partir de Descartes (siglo XVI) acaban estas posturas y aparece el problema del método para conocer y no incurrir en error.

El pensamiento moderno comienza con una teoría del conocimiento y Descartes convierte a la duda en un método, la duda metódica. Él afirma: de lo único que estoy seguro es de que yo existo, porque estoy pensando. Hay una idea de Dios común a todos los hombres. Si Dios existe entonces existe también la sustancia extensa. De esa manera Descartes llega a la posibilidad de la existencia del mundo y de las cosas.

La Teoría del Conocimiento o Gnoseología, rama específica de la filosofía, se interesa por el problema del método, la posibilidad, la certidumbre, el origen y la esencia del conocimiento.

El problema básico es la relación entre el observador y lo observado. El sujeto, por medio del pensamiento modifica al objeto y al mismo tiempo el objeto modifica al sujeto.

Puede decirse entonces que el pensamiento es el resultado de la acción simultánea del objeto sobre el sujeto y de éste sobre aquel.

¿Cuál es el origen del conocimiento? ¿Es la experiencia o es la razón?

La razón son los juicios fundados en el pensamiento, poseen necesidad lógica y validez universal. Esta postura fue defendida por ejemplo por Platón, San Agustín, Descartes y Leibniz.

El Empirismo considera la experiencia como única fuente de conocimiento, sostienen esta cosmovisión por ejemplo, Locke y Hume.

Otros filósofos importantes y decisivos fueron Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, y Kant, con una postura intermedia entre el racionalismo y el empirismo. 

Mientras que para Kant la razón es “a priori” de la experiencia, para Aristóteles y Santo Tomás de Aquino el conocimiento comienza con la experiencia.

En cuanto a la existencia de la realidad objetiva de todas las cosas, existen tres posturas que se destacan: el realismo según el cual existen las cosas independientemente de la conciencia que las conoce (Aristóteles, Descartes, Hobbes, Locke), el idealismo, para el cual no se dan cosas independientes de la conciencia (Berkeley, Fichte, Hegel) y el punto de vista fenomenológico (Kant) que sostiene la imposibilidad del conocimiento de las cosas tal como son en sí mismas; las conocemos tal como se nos aparecen, pero no en cuanto a su esencia

Qué certeza tiene el verdadero conocimiento? Para Kant el criterio de la verdad de un conocimiento debe ser universal, aplicable a todos los conocimientos sin distinción de objetos y no puede tener un carácter únicamente formal, racional ó lógico; el fundamento de la legitimidad de los juicios sintéticos de la razón es la experiencia, en la percepción sensible.

Descartes y Kant son los dos exponentes máximos del racionalismo en que se basa el conocimiento científico actual.

Dice Kant, el espacio es la forma de la sensibilidad. Nuestra facultad de tener sensaciones es la que imprime a las sensaciones la forma del espacio. El espacio no es una cosa, sino la forma “a priori” de todas las cosas. Por eso, los juicios sintéticos “a priori” son posibles en la matemáticas porque se basan en el espacio y el tiempo, los cuales no son cosas, sino la condición de la posibilidad de las cosas.

Ponemos a los objetos reales, los caracteres del espacio y del tiempo (que no son objetos sino algo que nosotros proyectamos en los objetos) y como los hemos proyectado les hemos inyectado “a priori” ese carácter de espaciales y luego encontramos constantemente en la experiencia ese carácter.(Kant)

Las cosas en sí mismas no las hay, son fenómenos, y si las hay no podemos de ellas decir nada, no podemos ni hablar de ellas.(Kant)

La ciencia se compone de los elementos empíricos procedentes de la experiencia y los elementos puros que la razón agrega.

La Psicología Experimental, cuyo objeto de estudio objetivo, confiable y válido que se puede medir es la conducta, es la única teoría considerada científica.

La conciencia, el inconsciente, la intuición, no pueden investigarse en un laboratorio en forma objetiva, por lo tanto todas las demás teorías existentes que no pueden ser sometidas a comprobación, tienen solamente validez teórica.







http://psicologiayelser.blogspot.com.ar/2010/12/el-conocimiento-cientifico-origen.html 

TRIBUNA DE PERIODISTAS-PERIODISMO INDEPENDIENTE-CRISTINA LLORA Y BAILA ...PERO SOLA


21 / 03 / 2012
Analisis

Cristina llora y a los minutos baila… pero sola

CRÓNICA DE UN BREVE CRUCE CON LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN

Cristina llora y a los minutos baila… pero sola
Martes 20 de marzo del 2012. La seguridad de Presidencia llega a Tecnópolis. En un galpón del gigante predio de Villa Martelli se realiza un encuentro sobre telecomunicaciones con referentes de América Latina, empresas de las tecnologías de la comunicación y cientos de funcionarios del Gobierno nacional contando sus experiencias en los distintos debates y charlas.
En el primer día del encuentro —que fue ampliamente promocionado durante las transmisiones de Fútbol para Todos— estuvo el Ministro Julio De Vido inaugurando formalmente el Congreso. Al día siguiente, el académico colombiano, Omar Rincón, rompió el esquema de los lugares comunes cuestionando la seriedad de las televisiones públicas de América del Sur mientras que hablaba de las bondades de la conectividad global, aunque encendía el semáforo por aquello de que mayor información no es sinónimo de estar más informado. Es un integrado. Los apocalípticos no están presentes en el Congreso.
A las 16 horas en una de las salas, funcionarios de tercer orden hablan de obras realizadas en fachadas de edificios históricos de la ciudad. Obviamente no hay representantes del Gobierno de la Ciudad mientras se llenan la boca de “pluralismo” y “democratización”, dos de los principales slogans de campaña del 2007.
Abel Fatala llega a la charla corriendo y es el centro de atención. Luego se quedará a presenciar la llegada de la Presidenta. A esa hora, las vallas comienzan a dividir los distintos stands para armar el corralito por donde Cristina saludará a los trabajadores presentes para ubicarse en el hall principal en que entregará el decodificar número un millón y pico. Las cifras van y vienen, nadie las cree, pero funcionan como símbolos de records que se baten en cada discurso.
Vestida de negro, presurosa, pasadas las 18:20 entra Cristina con sus ministros detrás de ella, casi en fila india. No hay muchos medios televisivos ni gráficos presentes. Solo el notero de CQC intenta sin suerte acercarse a ella. Es casi imposible. Charla con una promotora del stand de la televisión digital e ingresa a un salón en donde la gente de ceremonial y protocolo ubicó estratégicamente a humildes niños de La Matanza en las filas de adelante con una jubilada de Berazategui. El combo perfecto.
En su discurso, con videoconferencia incluida con un Hugo Chávez menos verborrágico, casi como anestesiado, se emociona cuando la cámara toma un cuadro de Néstor Kirchner. Amaga a levantarse, llora desconsoladamente y luego vuelve a sentarse para preguntarle al presidente venezolano sobre su salud. Los tiempos de las emociones están articulados milimétricamente, excepto por el antes descripto en que recordé la frase del viernes pasado del empresario de la carne, Alberto Samid: “Cristina está peleada con la vida, y es natural que así sea, cuando consiguió todo, se quedó sin nada, perdió a su compañero”. A pesar de estar siempre rodeada de funcionarios, sus 35 custodios personales, asesores, alcahuetes, cortesanos y demás, es una mujer solitaria. Alguna vez se habló de bipolaridad. Es así. Puede emocionarse hasta las lágrimas como también, 15 minutos después, ensayar un pase de baile para los jóvenes de La Cámpora.
El discurso es corto. Toca los tres temas habituales del 2012. Malvinas, un punto que sensibiliza a la casi totalidad de la población, el recuerdo de “él” y la salud de Hugo Chávez, enmarcados en la inclusión social a niños y ancianos postergados.
No se habla de trabajo o mejor educación, sino de netbooks y televisión digital. Sin embargo, luego de décadas de postergación, el circo y el pan —vaya a saber en qué dosis— es visto como algo histórico y sin parangón en nuestro país por esas miles y miles de personas que se fanatizan ante su presencia.
Los micros de La Cámpora, más de seis, llegan tarde. Cristina se está por retirar. Obviamente, no les da ni cinco de pelota a los escasos periodistas presentes. Sale por la puerta de atrás donde se agolpan en nuevas vallas, extrañamente colocadas, los jóvenes camporistas con sus banderas.
 La imagen para los medios afines es la de personas tirándose encima de ella como si fuese una estrella de rock. Esa es la sensación que queda. Se sacan una foto para el Facebook. Ella saluda desde lejos y hace como que rompe el protocolo y va y viene un par de veces, correteando conmigo detrás. Le hablo, ni me mira. Está en su mundo, en otro mundo. Ensaya un paso de baile, sus custodios me agarran del cuello y me depositan, en un segundo, a cinco metros de la Presidenta. Ella les dice con su tono inconfundible, “déjenlo, déjenlo”.
El cronista de CQC intenta evadir las vallas pero ella ya no habla ni con esos movileros, con los que solía bromear. El contacto con su gente es directo. Se va saludando y llora otra vez. Baila y llora. Los 500 manifestantes que solo fueron a saludarla al finalizar el acto, cantan sobre Malvinas y la gloriosa JP.
El cielo está oscuro, está por caer la noche y ella sigue bailando sola.

Luis Gasulla Twitter: @luisgasulla

marzo 20, 2012

EL CAMINO DEL AMOR: Más allá de la ilusión, somos Uno

EL CAMINO DEL AMOR: Más allá de la ilusión, somos Uno: ¿Te preguntás por qué este mensaje llegó a tus manos?  Mis ojos son tus ojos.  Sentimos en un mismo corazón.  Respiramos al unís..



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LA FILOSOFIA ES PENSAR LO QUE SUCEDE TOMAS ABRAHAM



Entrevista a Tomás Abraham

“La filosofía es pensar lo que sucede”


Con un tono irreverente y provocador, y sin perder la agudeza que lo caracteriza, el filósofo Tomás Abraham dialogó con Alfilo. Durante la entrevista, dijo que no se considera un pensador “progresista” y que está “retirado” de los medios de comunicación tradicionales porque no le gusta que le “pongan moldes ni ideológicos ni estilísticos”. Opina que el Observatorio de Medios, propuesto por el Gobierno e integrado por profesores de la UBA, se parece a una “KGB carnavalesca”. Consideró, no obstante, que “hay que hablar bien de  los políticos que hacen las cosas bien” y confesó que se siente cerca de Hermes Binner. El autor de “El presente absoluto” arribó a Córdoba, a fines de abril, para dar un curso sobre Foucault y Deleuze, invitado por el Doctorado en Semiótica que dictan, conjuntamente, el Centro de Estudios Avanzados y la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. Convencido de que los filósofos deben hablar de su tiempo, Abraham se refirió al papel de los medios en la actualidad, las tecnologías, el periodismo, el conflicto entre el gobierno y el campo, y, por supuesto, a la filosofía.
Con un libro en la mano, Tomás Abraham aguardaba en el hall del hotel para comenzar la entrevista. La imagen de aquel hombre con su libro, como un reflejo de quien no quiere desaprovechar los minutos de espera, encaja a la perfección con su idea de lo que debe ser un filósofo: alguien que, fundamentalmente, lee. La escena se puede completar con lo que expresa en su artículo “El dolor de leer”: “el filósofo debe ganar páginas, el problema del tiempo que tan caro es a la historia de la disciplina se encarna en él en esta cuestión de páginas”. También en esa nota, publicada en su página web, advierte que los libros deben ser leídos completos, y no basta con prólogos y contratapas. “Ese quehacer simulado sólo les sirve a los presentadores de libros”. Por eso, siempre el filósofo “lleva el libro por si acaso”. 
Desde hace dos años, Abraham publica sus textos periodísticos casi exclusivamente en formato digital. A pesar de que califica como de “muy elemental” su relación con la tecnología, en los últimos tiempos viene dando batalla a través de internet. Primero participó en el espacio web “Trabajos Prácticos”; luego, junto a Eduardo Antín (Quintín), fundó un sitio llamado “La lectura provisoria” y a partir de 2007 comenzó con el blog “Pan Rayado”, que está incluido dentro de su propia página (www.tomasabraham.com.ar). “Dejé de escribir en gráfica. Así que aprendí cómo se maneja un blog, pero nada más. No me complico la vida”, comenta.

- ¿Te interesa, entonces, el ejercicio del periodismo a través de internet?- Tiene una cosa muy intensa, de una relación directa con el lector. Hay un lector vivo, que está presente. Se sabe que lo que uno escribe alguien lo va a leer. Eso es muy estimulante, porque hay que tener en cuenta que cuando uno escribe no sabe si alguien lo va a leer. Además, si alguien lo va a leer uno ni se entera que lo leyó.  Esta es la práctica del escritor. Acá, uno sabe que lo que escribe alguien lo está leyendo. Pueden ser cien, doscientos o cuatro. Eso marca una relación diferente con la escritura. Es muy incitante. Por otro lado, hay un ambiente polémico porque la gente se puede expresar con seudónimos y decir lo que quiere. Eso, por lo general, puede llegar a embarrarlo todo, porque es un medio de agresividad. Pero también puede haber intervenciones que abren caminos y enriquecen alguna polémica que a veces no se da por otros medios. Considero que es un medio irreversible, que se va a ir transformando con el tiempo. De ahí no se vuelve.

- En algunos textos hacés referencia a la figura del contraopinador…- Justamente, los medios digitales e internet proponen un lugar libre, un lugar donde uno puede expresar y difundir ideas y no estar bajo la supervisión de grupos editoriales ni comerciales. Es un terreno donde no hace falta dinero, donde se crean redes infinitas y donde, además, uno puede buscar información sumamente importante y que no es la que transmiten los grandes diarios necesariamente. Porque son limitados, tendenciosos o porque tienen intereses propios. Pero uno puede entrar a la red y consultar todos los diarios del mundo, ya sea de cualquier país y en cualquier idioma, como medios alternativos, y formarse en una especie de ciudadanía informativa. Es decir, pensar la información. Para el intelectual, el profesor, el estudioso, pensar la información es muy importante. Para eso hay que cotejar, comparar y confrontar la información. Eso se logra visitando sitios de información. Son millones. Eso te da una alternativa que no existía hasta hace un tiempo, cuando vos eras rehén de Telenoche, o de Telefé, o de La Voz del Interior, o del Grupo Clarín, o de quien fuere. Cada uno de los temas y cualquier tipo de actualidad es confrontable e investigable por medio de la web. En ese sentido, cuando hablo de un contraopinador creo que es aquel que, en el mundo de la opinión -que es el mundo de la información y del debate, de ladoxa-, tiene vías de investigación como para poder contraopinar. Es decir, hablar contra la opinión pública, que se forma por medio de una especie de complicidad general y de reconocimiento mutuo de ciertas idiosincrasias y de información que va y vuelve en estas hegemonías y homogeneidades. El contraopinador es aquel que va constituyendo su propia opinión, ya sea en forma personal o en red, a través de una selección, o un zapping informativo, en los medios digitales.
- Sin embargo, el impacto que tienen los medios digitales, todavía, no parece  equiparable al de otros medios masivos de comunicación…- Puede ser que sacar una nota en La Nación te de un prestigio y un alcance que no te lo da escribir en medios digitales. Eso es posible, pero uno elige qué costos quiere pagar. A mi me invitaron a ser columnista permanente de La Nación y sabía que tenía que escribir en “el estilo de La Nación”. Y, realmente, creo que el estilo hace al hombre.
- ¿Actualmente no publicás artículos en medios gráficos?- Yo he publicado muchísimo en todos los medios, pero también me he retirado. Primero, porque no tengo una ideología acorde a los medios y todos tienen alguna. No soy progresista, que es como el carnet para entrar en un medio como Página 12 o Clarín; tampoco soy liberal republicano para escribir en La Nación. Y no me gusta que me esperen, no solamente por los temas que quieren que escriba si no también por los tonos. Tengo varios tonos. Me divierto mucho, provoco bastante, soy irreverente. No me pueden moldear. También escribo en un tono muy serio y académico. Necesito libertad de expresión. Es decir, expresarme como quiero: que no me pongan moldes ni ideológicos ni estilísticos. Y eso es casi imposible.
La protesta del campo- ¿Cuál es tu análisis sobre el conflicto entre el gobierno y los ruralistas?
- Este conflicto es el síntoma de un problema complicado que está pasando el país. Es un cuello de botella. Es un techo de producción. Es un límite, un cenit del consumo al que se llegó. Se gastaron las pilas. Es muy difícil cambiar, porque cambiar significa enfriar la economía, y eso tiene consecuencias sociales. Y como siempre ha pasado en la Argentina, el problema no es económico. Cualquier país cambia de modelo económico, salvo Europa y los países centrales europeos como Alemania y Francia en los que, a pesar de los cambios de gobiernos, las políticas económicas son muy conservadoras. Pero, en general, los planes económicos son variables. Estados Unidos, de Clinton a Bush, hizo enormes cambios. Es decir que se puede cambiar de modelo económico, lo han hecho muchos países. Pero para eso, para que los cambios se hagan y no esperar que todo se derrumbe, se necesitan alianzas políticas y consensos. Y eso es lo que nunca se logra en nuestro país. El cuello de botella es político. Es decir, en el momento en el que un plan económico da algunos resultados, como éste que sacó a la Argentina de un pozo depresivo muy fuerte en el 2002 y estimuló la economía durante un tiempo, llega a su límite y hay que cambiarlo. Porque si no se lo cambia, provoca un desastre. Lo mismo pasó con Menem. Pero para cambiarlo se necesita, primero, coraje; después, un consenso político y la determinación. Eso es lo que en este momento está enfrentando el gobierno. La protesta del campo es un síntoma. El problema, entonces, es político. Es decir, ¿cuáles van a ser los grupos, las alianzas que se van a poder armar?, ya sea con los gremios, con los industriales y con el mismo campo para poder ponerse de acuerdo. La participación de las fuerzas políticas es relativa, porque está únicamente el Partido Justicialista como algo fuerte. Para que el país no sufra nuevamente un desmoronamiento -que no será como el del 2001, será distinto-, se necesita una fuerte alianza política. 
- ¿Cuál es el rol que jugaron los medios de comunicación en el conflicto y cómo ves la polémica que se desató con el gobierno? 
- Nada nuevo bajo el sol. El gobierno se pone muy nervioso por la situación. Indudablemente, si hay una protesta con trescientos cortes de ruta, los medios no pueden no darle importancia. No solamente del gobierno viven los medios, también de empresas y avisadores. Por la mínima credibilidad, no pueden no mostrar eso. Pero este gobierno, a través de un grupo de inversores aliados a la política, y al ver que la situación política se les vuelve en contra, quiere tener medios propios. Entonces, están viendo qué alianzas pueden hacer para evitar a los medios que no pueden manejar a su antojo y crear sus propios medios, como lo hacen muchos grupos políticos. Comprar medios, asociarse, debilitar; es decir, entrar en una guerra mediática.
- En este marco, ¿cuál es tu opinión sobre la creación del Observatorio de Medios integrado por profesores de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA?   
- Yo creo que merecen una patada en el culo, más que una opinión. Son olfas del poder. No se puede creer lo que hacen estas carreras de facultades de ciencias sociales que, se supone, enseñan pensamiento crítico. Coronándose con Benjamin y con Karl Klauss toda la vida, haciéndose los grandes subversivos del pensamiento, son lo más chupamedias que se nos pueda ocurrir. Lo que hacen con tal de salir en una foto y que se hable de ellos y de una Facultad que va bastante a la deriva, enseñando de todo y nada. Han podido figurar en un lugar que les encanta: al lado del poder y, al mismo tiempo, sentirse perseguidos por los medios masivos de comunicación como si fueran víctimas de alguna especie de complot. Igual que Cristina, en ese sentido. Muy mediocre, muy penoso y lamentable, a la altura de ciertos profesores y decanos que han mostrado lo que son. Me parecen sirvientes, que usan una autoridad académica para formar parte de una especie de “stalinismo”. Primero, que no van a controlar nada porque no entienden nada. Es increíble que la carrera de comunicación se convierta en un buchoneo de periodistas y que, después de tanto bregar por la libertad y la crítica, termine espiando a los periodistas para decirle al poder qué periodista no responde. De eso se trata esta especie de “KGB” carnavalesca.
- En algunas entrevistas dijiste que en la Argentina “no hay que refundar el sistema republicano, sino hacerlo bien y respetar las instituciones” para que nos vaya mejor.- Eso lo dice mucho gente, aún con la que no tengo nada que ver políticamente. Es un lugar común. Hasta la presidenta habla de calidad institucional. Es muy difícil salir del lugar común y ver la autenticidad de tu idea. Yo creo que el poder político, y el personal gubernamental de turno, tiene un rol educativo muy fuerte. La cultura no pasa por el Ministerio de Educación o la Secretaría de Cultura. También pasa por ahí, pero no solamente por las escuelas, la familia y la televisión. La autoridad es ejemplar. Porque por algo se llegó a ser presidente, ministro de justicia, presidente de un senado o diputado. No es solamente un éxito. Es un éxito obtenido a través de la confianza y la credibilidad de la gente que ha depositado una elección en esas personas para vivir mejor. Con lista sábano o no, de alguna manera está depositado ahí un espejo en el que la sociedad se mira. Si mienten, cancherean, se ríen de sí y de los otros, roban, estafan, degradan y difaman, sabemos en realidad que el molde en el que estamos es ése y que aquél que no cumpla con esta especie de melodía va a ser expulsado. Es decir que te van a pasar por encima. Por eso es importante luchar siempre porque la política esté ocupada por otro tipo de gente. Y es tan importante estar alerta a la existencia de ese otro tipo de gente. Y dejar de hablar mal de los políticos y hablar bien de aquellos políticos que hacen las cosas bien. Nosotros tenemos una especie de masturbación en oler lo podrido. Nos encanta hablar mal. Nos encanta denunciar. Nos encanta condenar. Nos encanta maldecir. Y nos encanta, también, ignorar al que está haciendo las cosas bien. Creo que sin políticos, la sociedad está en manos de mafias. Los políticos son absolutamente necesarios para la construcción de un poder que tenga el control de la ciudadanía. Por eso, siempre estoy muy atento a que surja este clase de políticos, apoyarlos y difundir sus acciones. En este momento lo hago con Hermes Binner. Estoy cerca de lo que hace, tratando de colaborar en la medida de mis posibilidades y limitaciones para que se pueda hacer algo mejor que lo que se hace.
Los medios y el terror a la complejidad- ¿Por qué creés que es necesario promover un encuentro entre la filosofía y el periodismo? 
-  La palabra periodismo es demasiado grande. Al periodismo no lo hacen sólo los periodistas sino los analistas de la actualidad, entre los que me cuento. El periodismo es una pieza ineludible del pensamiento. No hay filosofía sin periodismo. Es decir, no hay filosofía sin análisis de la actualidad. La filosofía no es hablar de Hegel. La filosofía es pensar lo que sucede. Hacer lo que hicieron Spinoza, Platón, Séneca, Hegel, Marx o Nietzsche: pensar su tiempo. Y lo hicieron con los medios que les daba su tiempo. También los periódicos, desde Kant en adelante y antes también, fueron fundamentales para la formación filosófica e intelectual. Lo que sucede es que los diarios, y el periodismo en general, le tienen terror a la complejidad. Entonces, como piensan que todo el mundo es idiota –salvo ellos que manipulan la idiotez-, siempre te piden que “bajes”. Piensan que hay alturas y llanuras, y que la gente chapotea en la ciénaga. No quieren que se complejice nada y piden que todo se traduzca a un idioma que es el que ellos usan. Eso a veces crea ciertos problemas. Porque tienen un estereotipo del oyente y del televidente, quien puede perfectamente entender una comunicación que ellos no quieren dar. Entonces, a veces el periodismo te impide plantear problemas porque lo que quieren es enviar en envases soluciones vendibles.
- Esta idea pareciera también ir a contrapelo de ciertas posturas intelectuales que no ven con agrado el ingreso de la actualidad en las discusiones académicas.Es que la actualidad es el talón de Aquiles del profesor de filosofía y de humanidades. Porque, ahí, él no tiene ventaja comparativa con Doña Rosa. Para pensar lo que está sucediendo no puede remitirse a la bibliografía, aún a la tantas veces amortizada que usa. No puede encerrarse y tirar una pequeña monografía con alguna palabra no ordinaria en la que se refugia su no pensamiento. Ahí está en el mismo nivel que Doña Rosa. Y si dice lo mismo, entonces no se entiende para qué estudia tanto. El gran desafío del pensamiento, el obstáculo y el problema, es lo que está sucediendo, es la actualidad. Por lo tanto, muchos de los académicos tratan de mantenerse a distancia de eso, porque se sienten sumamente frágiles, y lo encubren con una posición supuestamente “pura”, que se refleja en la frase “yo no me dejo manejar por los tiempos de los medios”. En ese sentido, pueden conservar su ignorancia.
- En tu blog incluís artículos de fútbol, arte, política, filosofía y eso también pareciera desafiar la hiperespecialización académica que se requiere actualmente 
- Creo que hay grandes especialistas. En realidad, gracias a los especialistas muchas veces nosotros podemos opinar sobre tantas cosas. De todos modos, el especialista es muy bueno en su especialidad. Pero hay cosas que no son de especialidad. Hay un mundo que no es de especialistas. Y una buena parte de nuestra vida transcurre en ese mundo, que tiene que ver con la política, con la ética, con cuestiones sociales. Ahí no hay especialización, no hay una ciencia política como tampoco hay una ciencia ética. Y por ahí discurre la filosofía, entre la ética, la política, la verdad, el poder. Así que el mundo de la actualidad y la opinión es nuestro mundo. Además, considero que el pensamiento no se teje unicamente en un solo lenguaje. Boudelaire era poeta, pero nadie le decía “por qué hablás de los boulevares o los dandies y no te dedicás a la poesía”. Porque era un observador. Yo soy un opinólogo, que es la palabra degradante que usan para nombrar a un observador.
Analista de la actualidad
Director de la revista “La Caja”, fundador del Colegio Argentino de Filosofía, director del Seminario de los Jueves (grupo de aficionados a la filosofía que se reúne desde 1984), profesor titular de filosofía UBA-CBC, analista de la actualidad política y cotidiana.
Libros: Situaciones postales, Pensadores bajos, La aldea local, La guerra del amor, Los senderos de Foucault, Batallas éticas, Vidas filosóficas, Foucault y la ética, Historias de la Argentina deseada, El último oficio de Nietzsche, La empresa de vivir, Pensamiento Rápido, Fricciones, Tensiones filosóficas, El último Foucault, La máquina Deleuze y El presente absoluto.

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